Cuánto cuesta mantener una web al año
Lo que se paga cada año por tener una web viva, qué partidas son obligatorias y cuáles no, y por qué la web que no se toca acaba costando más que la que se mantiene.
Casi todo el mundo pregunta cuánto cuesta hacer una web. Muchos menos preguntan cuánto cuesta tenerla, y esa es la cifra que se paga todos los años.
La confusión viene de que una web parece un objeto terminado. Se entrega, se sube y ya está. Pero una web es un programa conectado a internet, y un programa conectado a internet tiene el mismo tipo de necesidades que un coche que sale a la calle todos los días.
Lo que se paga sí o sí
Hay tres partidas que no son negociables porque sin ellas la web deja de existir.
El dominio. La renovación anual de tu dirección. Es la partida más pequeña de todas y la que más disgustos da, porque se paga una vez al año, se olvida, caduca y la web desaparece. Ponlo en renovación automática y con una tarjeta que no vaya a caducar antes.
El alojamiento. Donde vive la web. Varía muchísimo según qué tipo de sitio sea. Una web estática bien construida se sirve por muy poco, mientras que una tienda con base de datos y picos de tráfico necesita bastante más. Es una de las razones por las que cómo está construida tu web tiene consecuencias económicas durante años, no solo el día de la entrega.
El certificado de seguridad. Hoy suele venir incluido y gratuito, pero conviene confirmar que existe y que se renueva solo. Un certificado caducado pone un aviso rojo de sitio no seguro delante de cada visita.
Lo que se paga según cómo esté hecha
Aquí es donde las diferencias se disparan, y depende casi por completo de una decisión que se tomó al construirla.
Una web montada sobre un gestor de contenidos con una colección de extensiones necesita actualizaciones constantes. El gestor se actualiza, las extensiones se actualizan, a veces una actualización rompe otra cosa, y de vez en cuando aparece una vulnerabilidad que hay que parchear con prisa. Además varias de esas extensiones tienen licencia anual. Esto no es un defecto del gestor, es el precio de la flexibilidad que da.
Una web a medida y estática tiene mucha menos superficie que mantener. No hay extensiones que actualizar ni un panel de administración expuesto a internet. Se revisan las dependencias, se comprueba que todo sigue rápido y poco más.
La diferencia entre las dos situaciones, a lo largo de tres o cuatro años, suele ser mayor que la diferencia de precio inicial entre ellas.
Lo que no es obligatorio pero es lo que rinde
Las partidas anteriores mantienen la web encendida. Estas son las que hacen que siga trayendo clientes.
Vigilar que sigue rápida. El rendimiento se degrada solo, con cada imagen nueva que alguien sube sin comprimir y cada script de terceros que se añade. No es algo que se revisa una vez y se olvida, y Google lo usa para decidir a quién muestra primero. Lo contamos en por qué una web lenta te cuesta clientes.
Contenido nuevo. Una web congelada pierde posiciones frente a una que se mueve, sobre todo ahora que buena parte de la visibilidad depende de responder preguntas concretas.
Cambios del negocio. Servicios nuevos, precios distintos, una sección que sobra. Si cada cambio pequeño requiere una negociación, al final no se hace ninguno y la web va quedando desactualizada hasta que deja de parecerse a tu negocio.
Copias de seguridad que alguien ha probado a restaurar. Tener copias no sirve de nada si nadie ha comprobado nunca que funcionan. Esto se descubre siempre en el peor momento posible.
Las dos formas de pagarlo
Por bolsa de horas mensual, que cubre vigilancia, actualizaciones y una cantidad de cambios pequeños. Tiene sentido cuando la web es parte activa de cómo consigues clientes.
Por intervención puntual, llamando cuando hace falta. Sale más barato en apariencia y tiene un problema. Lo que no se vigila no se detecta, así que las intervenciones puntuales suelen empezar cuando algo ya se rompió, que es cuando arreglarlo cuesta más.
Nosotros ofrecemos las dos, y lo explicamos en mantenimiento y soporte.
El coste de no mantenerla
Esta es la cuenta que casi nadie hace, y es la única que decide de verdad.
Una web desatendida no se rompe de golpe. Se va degradando. Pierde velocidad, pierde posiciones, acumula enlaces rotos, muestra precios viejos, deja de verse bien en los móviles que salieron después. Ninguna de esas cosas genera una factura, y todas generan clientes que se van con otro sin avisar.
Le pusimos número a ese gasto invisible en cuánto te cuesta no tener una buena web, y la conclusión es incómoda. El mantenimiento anual casi siempre es más barato que un mes de clientes perdidos.
Y hay un final previsible. La web que nadie tocó en cinco años no se mantiene, se rehace. Eso cuesta muchas veces lo que habría costado cuidarla, y por el camino se pierde la autoridad que ya tenía en Google, que es lo que más caro sale reconstruir.
Tema
Cuánto cuesta y cuánto tarda un proyecto de software
El precio de un proyecto de software depende de cuánto tiene que hacer el sistema, cuánto de eso se construye a medida y qué nivel de calidad técnica se exige debajo; el plazo depende del alcance y de la velocidad con la que el negocio decide y entrega contenido. Ninguna de las dos cosas depende del número de páginas.