Accesibilidad web obligatoria, quién lo está de verdad y quién no
La ley europea de accesibilidad lleva más de un año en vigor y solo el 2% de las webs privadas españolas cumple. Quién está obligado realmente, quién queda fuera y qué se revisa primero.
Si has buscado algo sobre este tema en los últimos meses te habrás encontrado con la misma frase repetida en cuarenta sitios. Multas de hasta un millón de euros. Casi siempre al lado de un formulario de contacto.
Vamos a hacerlo al revés. Primero quién está obligado y quién no, que es la pregunta que de verdad te interesa, y después qué se revisa.
Qué norma es esta
El 28 de junio de 2025 entró en vigor en toda la Unión Europea la directiva conocida como European Accessibility Act. En España se traspuso con la Ley 11/2023, y lleva por tanto más de un año siendo exigible.
Lo que pide, resumido, es que determinados productos y servicios digitales dirigidos a consumidores puedan usarlos también las personas con discapacidad. En la práctica el criterio técnico de referencia son las pautas WCAG en su nivel AA, que es el mismo estándar que ya usaban las administraciones públicas.
El dato que mejor describe la situación es que solo alrededor del 2% de las webs privadas españolas cumple. No es que haya una persecución en marcha. Es que casi nadie se ha puesto.
A quién aplica de verdad
Aquí es donde la mayoría de los artículos se vuelven convenientemente vagos, porque la respuesta honesta reduce bastante el mercado.
La norma no aplica a todo el tejido empresarial por igual. Apunta a empresas privadas que prestan ciertos productos y servicios a consumidores finales. Los bloques más claros son el comercio electrónico, incluyendo tiendas y marketplaces, los servicios bancarios para consumidores, el transporte de viajeros, las telecomunicaciones y los servicios audiovisuales y de libro electrónico.
Y hay una exención que conviene conocer. Las microempresas que prestan servicios, entendidas como las de menos de diez trabajadores y menos de dos millones de euros de volumen de negocio, quedan con carácter general fuera de la obligación.
Es decir. Si tienes una peluquería con tres empleados y una web que informa de tus servicios y tu horario, lo más probable es que no estés obligado por esta norma. Si tienes una tienda online, la conversación es otra aunque seas pequeño, porque la exención de microempresa se aplica a servicios y no cubre igual la venta de productos.
Esto no es asesoría jurídica y tu caso concreto puede tener matices. Si vendes a consumidores por internet y estás cerca de esos umbrales, merece la pena que alguien mire tu situación con el texto de la ley delante en lugar de fiarte de un artículo, este incluido.
Por qué hacerlo aunque no estés obligado
Esta es la parte que las webs del millón de euros no cuentan, y es la que más te va a rentar.
Una web accesible es una web que funciona mejor para todo el mundo. El contraste suficiente sirve a quien tiene baja visión y también a quien mira el móvil en la calle a pleno sol. Los textos alternativos en las imágenes sirven a un lector de pantalla y también a Google, que no ve fotos. La navegación con teclado ordenada suele delatar una estructura de página bien hecha, y esa misma estructura es la que un buscador y un asistente de IA usan para entender de qué va cada sección.
Dicho de otro modo, buena parte del trabajo de accesibilidad es el mismo trabajo que ya hace falta para posicionar. Lo contamos desde el otro lado en por qué tu negocio no aparece en Google.
Y está la parte más simple de todas. Aproximadamente una de cada seis personas vive con alguna discapacidad. Una web que las deja fuera está dejando fuera clientes.
Qué se revisa primero
Sin entrar en la auditoría completa, estos son los fallos que aparecen en casi todas las webs y los que más rápido se corrigen.
Contraste de texto insuficiente. El gris claro sobre blanco que tan elegante queda en la maqueta suele suspender. Se mide con una herramienta gratuita en dos minutos.
Imágenes sin texto alternativo. Sobre todo las que comunican algo, no las decorativas.
Formularios sin etiquetas. El campo que solo tiene un texto de ejemplo dentro y ninguna etiqueta asociada es invisible para un lector de pantalla, y encima el texto de ejemplo desaparece en cuanto el usuario empieza a escribir.
Navegación imposible con teclado. Prueba tú mismo. Entra en tu web y recórrela pulsando solo el tabulador. Si no se ve dónde está el foco, o si hay cosas a las que no llegas, ahí tienes un problema.
Estructura de encabezados inventada. Titulares elegidos por tamaño de letra en vez de por jerarquía. Rompe la navegación asistida y de paso confunde al buscador.
Vídeo sin subtítulos y audio sin transcripción.
Lo que no soluciona el problema
Los widgets de accesibilidad, esos botones flotantes con un muñequito que prometen adaptar la web con una línea de código. No arreglan el HTML de debajo, que es donde está el problema, y hay demandas en varios países contra empresas que los instalaron creyendo que con eso quedaban cubiertas.
La accesibilidad se resuelve en la construcción de la página. Por eso en nuestros proyectos va incluida desde el principio y no como una fase que se salta cuando hay prisa, algo que explicamos en nuestro servicio de páginas web.
Si tienes dudas sobre en qué estado está la tuya, el primer paso barato es medirla antes de tocar nada, que es la misma lógica que defendemos en audita tu web antes de rehacerla.
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